Hubo una época, a finales de los años 90, en la que la industria del videojuego española no solo competía con los gigantes internacionales, sino que lideraba las listas de ventas de todo el planeta. Y el gran culpable de esa época dorada fue Pyro Studios con un juego exigente, adictivo y endemoniadamente difícil: Commandos: Behind Enemy Lines (1998).
¿Quién no recuerda aquello de "¡Eso está hecho!" o "¡Inmediatamente!" con acento militar español mientras intentabas esquivar el cono de visión de un guardia de la Wehrmacht?
La estrategia del cono de visión
Hasta la llegada de Commandos, los juegos de estrategia en PC solían ser del estilo de Command & Conquer o Age of Empires: acumular recursos, fabricar un ejército gigantesco y lanzarlo en tropel contra la base enemiga.
Pyro Studios rompió las reglas. Te daba un puñado de soldados especializados (cada uno con habilidades únicas y limitaciones severas) y te soltaba tras las líneas enemigas.
El núcleo del juego era el sigilo y el control de los "conos de visión" de los guardias, divididos en dos zonas: la zona oscura (donde te veían siempre) y la zona clara (donde solo te veían si estabas de pie, permitiéndote pasar desapercibido si avanzabas cuerpo a tierra).
- El Boina Verde (Jerry McHale): Fuerza bruta, capaz de enterrarse en la nieve o acuchillar sigilosamente por la espalda.
- El Francotirador (Sir Francis T. Woolridge): Precisión milimétrica a distancia con balas contadas.
- El Marine (James Blackwood): El rey del agua, con su traje de buzo y su lancha inflable.
- El Zapador (Thomas Hancock): El hombre de las explosiones y trampas para osos.
- El Conductor (Samuel Brooklyn): Capaz de pilotar cualquier vehículo, desde camiones hasta tanques blindados.
- El Espía (René Duchamp): El único capaz de disfrazarse con uniformes enemigos para distraer a los guardias.
"¡Alarma! ¡Alarma!"
Jugar a Commandos era una experiencia de ensayo y error constante. El juego no perdonaba ni un solo desliz. Si un soldado enemigo encontraba una pisada en la nieve, un cadáver mal escondido o escuchaba un disparo sin silenciador, sonaba la sirena de alarma y decenas de refuerzos salían de los barracones para masacrar a tu equipo en segundos.
Guardar la partida rápida (Quick Save) cada 30 segundos era un acto reflejo obligatorio para sobrevivir a las 20 infernales misiones de la campaña.
El legado de un hito nacional
Commandos vendió millones de copias en todo el mundo, colocándose en el número uno en países como Alemania, Reino Unido y Francia. Demostró que con talento, pasión y un diseño de niveles inteligente, un estudio madrileño podía mirar de tú a tú a las superproducciones americanas o japonesas.
Aunque la saga derivó posteriormente hacia otros géneros menos afortunados, el primer Commandos y su expansión Beyond the Call of Duty quedan en el Olimpo de los videojuegos como obras maestras imperecederas de la estrategia táctica.