Seamos honestos: el lanzamiento de Cyberpunk 2077 en 2020 fue el equivalente tecnológico a inaugurar un rascacielos mientras los albañiles todavía estaban buscando los tornillos. En un PC potente podía asomar el juegazo prometido, pero en PS4 y Xbox One aquello era una sesión de espiritismo a 20 fotogramas por segundo. Había coches que levitaban, personajes que atravesaban paredes y policías capaces de aparecer detrás de V con la eficacia paranormal de un cobrador de Hacienda.
CD Projekt RED pidió disculpas, ofreció devoluciones y pasó años reconstruyendo su criatura. Conviene recordarlo porque la industria tiene una memoria más corta que un NPC en alerta: arreglar un producto roto no convierte el lanzamiento roto en una inocentada simpática.
Pero también sería absurdo fingir que nada cambió. En 2026, después de la gran actualización 2.0, Phantom Liberty y una larga procesión de parches, Cyberpunk 2077 ya no es solo “el juego que por fin funciona”. Es uno de los RPG de acción más absorbentes de los últimos años y una máquina peligrosamente eficiente de robar noches de sueño.
¿Qué Cyberpunk estamos jugando en 2026?
La transformación decisiva llegó con la actualización 2.0, que rehízo sistemas completos en PC, PlayStation 5 y Xbox Series X|S. Después llegaron más mejoras, hasta la versión 2.31: conducción automática, taxis de Delamain, nuevos vehículos, personalización ampliada y un modo foto con tantas opciones que ya solo le falta pedirte la declaración de la renta.
En abril de 2026 incluso recibió una actualización específica para PlayStation 5 Pro, con nuevos modos gráficos, PSSR y más efectos de trazado de rayos. Night City sigue teniendo hambre de hardware, pero al menos ahora mastica con modales.
Los cambios que realmente alteraron el juego fueron estos:
- Un sistema policial digno de ese nombre. La NCPD persigue, bloquea carreteras y puede enviar a MaxTac. Ya no brota de una maceta situada a dos metros de tu espalda.
- Árboles de habilidades con personalidad. Las ventajas definen estilos de juego: katanas que desvían balas, embestidas aéreas, pistolas de exhibicionista o hackeos capaces de convertir una banda enemiga en una reunión de vecinos con lanzacohetes.
- Ciberware con decisiones reales. Los implantes, la armadura y la capacidad cibernética forman una construcción coherente. Instalar metal en cada poro deja de ser una visita impulsiva al MediaMarkt del futuro.
- Combate desde vehículos. Disparar, hackear coches y sacar las mantis mientras conduces no arregla la sociedad, pero ayuda muchísimo.
La mejora no está solo en que haya menos bugs. Ahora los sistemas dialogan entre sí y permiten construir un V reconocible por cómo se mueve, pelea y resuelve problemas. Es la diferencia entre elegir porcentajes en una hoja de Excel y convertirte en una licuadora humana con gabardina.
Night City: una estafa preciosa que no quieres abandonar
El mayor triunfo estaba escondido debajo de los fallos desde el principio: Night City es un lugar extraordinario. No porque cada puerta se abra o cada ciudadano tenga una rutina escrita por Tolstói, sino porque su arquitectura cuenta una historia constante. Arriba viven las corporaciones entre cristal y jardines artificiales; abajo, la gente sobrevive entre anuncios que prometen felicidad por suscripción y callejones donde hasta las máquinas expendedoras parecen deprimidas.
Conducir de noche, escuchar la radio y ver cómo el neón se derrama sobre el asfalto mojado sigue siendo una experiencia difícil de igualar. La ciudad vende sexo, violencia, prótesis, estatus y comida con aspecto de delito sanitario. Todo grita para llamar tu atención y, al mismo tiempo, te recuerda que V no es el centro del universo: es otra persona intentando dejar una marca antes de que la maquinaria corporativa la convierta en picadillo premium.
También ayudan sus personajes. Judy, Panam, River, Kerry, Takemura y Johnny no funcionan como dispensadores de misiones con piernas. Tienen contradicciones, silencios incómodos y problemas que no desaparecen porque el protagonista marque una opción azul de diálogo. Keanu Reeves empieza como un fantasma insufrible instalado sin permiso en tu cabeza y acaba construyendo una relación tan áspera como memorable. Es como compartir piso con un terrorista digital que se bebe tu leche y encima te juzga.
Phantom Liberty: la disculpa llegó con gabardina
Si la actualización 2.0 recompuso el cuerpo, Phantom Liberty le implantó un corazón nuevo. La expansión lleva a V hasta Dogtown, un distrito gobernado por Kurt Hansen donde las leyes son orientativas y la esperanza se vende de segunda mano. Allí aparece Solomon Reed, interpretado por Idris Elba, para reclutarnos en una operación de espionaje que empieza torcida y luego descubre nuevas formas geométricas de torcerse.
Reed y Songbird sostienen una historia de lealtades rotas, secretos de Estado y decisiones sin salida limpia. No hay una opción luminosa con la etiqueta “ser buena persona”. Hay que escoger a quién creer, qué precio aceptar y con qué remordimiento vas a decorar el apartamento después.
Dogtown, además, concentra lo mejor del diseño del juego: verticalidad, combates más agresivos, encargos elaborados y una decadencia que casi puedes oler. La campaña principal hablaba de identidad y mortalidad; Phantom Liberty añade el peso de las instituciones y pregunta cuánto vale una vida cuando todos los presentes llevan una calculadora escondida.
La redención no trae borrador
¿Es perfecto? Ni de broma. La inteligencia artificial civil todavía tiene momentos de merluza con implantes, algunos encuentros del mundo abierto se sienten mecánicos y el trazado de trayectorias puede mandar un coche contra una mediana como si el GPS estuviera patrocinado por Trauma Team.
En PC, activar path tracing a 4K sigue siendo una manera sofisticada de preguntarle a tu tarjeta gráfica si ha pensado en redactar testamento. Y las versiones originales de PS4 y Xbox One nunca recibieron la reconstrucción 2.0: quien sufrió allí el estreno no debe ser obligado a perdonar mediante decreto gamer.
Tampoco conviene convertir la recuperación en una nueva estrategia comercial. El mensaje no puede ser “lanza ahora y ya lo terminaremos cuando los clientes dejen de lanzar antorchas”. CD Projekt RED merece reconocimiento por el trabajo posterior, pero la factura moral de 2020 no desaparece bajo una montaña de notas de parche.
Veredicto gamberro
Cyberpunk 2077 en 2026 es un juegazo nacido de una chapuza histórica. Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo sin que nos explote el implante frontal.
Su combate admite estilos muy distintos, sus misiones secundarias contienen algunas de sus mejores historias y Night City sigue siendo una distopía fascinante: horrible para vivir, maravillosa para visitar y letal para cualquier GPU con aspiraciones de jubilación. Con Phantom Liberty, el conjunto alcanza la versión que probablemente habitaba en las presentaciones originales antes de que la realidad entrara por la ventana con una silla.
Si lo evitaste por el desastre del lanzamiento, ahora sí merece el viaje. Compra la edición completa en una buena oferta, actualiza los controladores y avisa en casa de que vas a desaparecer unas cuantas noches. Si lo jugaste en una PS4 básica en 2020, conserva la factura: quizá algún día sirva como certificado oficial de estrés postraumático digital.
Puntuación gamberra: 9/10. Le quitamos un punto por llegar varios años tarde y porque perdonar no significa sufrir amnesia corporativa.
Imágenes promocionales facilitadas por el centro de prensa de CD Projekt RED. Este análisis es una publicación editorial independiente y no está aprobado ni respaldado por CD Projekt RED.